Qué son las constelaciones familiares
Cada persona forma parte, desde su nacimiento, de una red familiar a la que se encuentra vinculada por profundos lazos de amor y lealtad que unen a todos sus miembros. Estos lazos alcanzan a todos por igual, independientemente de su conducta, deseos, emociones o forma de vida; no importa si se conocen ni si están vivos o muertos.
Los órdenes del amor y la conciencia.
Los órdenes del amor y la conciencia.
Esta red familiar posee una conciencia propia que funciona como un órgano regulador de su existencia, orientándose en base a su finalidad: la transmisión de la vida. Esta conciencia es totalmente inconsciente y se rige por dos órdenes básicos:
1) todos los miembros de la familia tienen el mismo derecho a pertenecer
2) la prioridad de los anteriores (nacidos antes) sobre los posteriores (nacidos después).
Dichos órdenes se han establecido en base a la observación reiterada de casos. No tienen un carácter teórico o absoluto.
1) todos los miembros de la familia tienen el mismo derecho a pertenecer
2) la prioridad de los anteriores (nacidos antes) sobre los posteriores (nacidos después).
Dichos órdenes se han establecido en base a la observación reiterada de casos. No tienen un carácter teórico o absoluto.
A su vez, esta conciencia grupal familiar interactúa con la conciencia individual ordinaria, que rige nuestras relaciones cuando interactuamos con otras personas individualmente y sí puede ser percibida. Esta conciencia individual actúa en base a dos órdenes fundamentales:
1) La necesidad de vincularse y pertenecer
2) la necesidad de equilibrio entre lo que se da y lo que se toma.
Dichos principios son mantenidos por la conciencia individual a través de las sensaciones de inocencia y culpa que la persona experimenta al pensar, sentir o actuar de conformidad o en contra de dichos órdenes.
1) La necesidad de vincularse y pertenecer
2) la necesidad de equilibrio entre lo que se da y lo que se toma.
Dichos principios son mantenidos por la conciencia individual a través de las sensaciones de inocencia y culpa que la persona experimenta al pensar, sentir o actuar de conformidad o en contra de dichos órdenes.
Es en la interacción entre ambas conciencias, individual y grupal (o familiar) donde surgen los conflictos, ya que ambas pueden contraponerse, llevando la buena conciencia individual a producir un desorden en la conciencia familiar. Así por ejemplo, el deseo de un hijo de sentirse bien haciendo algo por los padres, sintiendo que devuelve algo a cambio de lo que los padres le dieron, puede llevarle a querer cargar con una enfermedad de alguno de los ellos, enfermándose él en su lugar. Pero con ello viola la conciencia grupal, donde los posteriores (hijos) no pueden ponerse por encima de los anteriores (padres) y cargar con lo que es de ellos. Así surgen las “implicaciones” o “enredos” que son manifestaciones de desorden dentro de un sistema, y que están en función de las tramas de amor y lealtad en que el individuo se ve inmerso.
En este trabajo salen a la luz estos desórdenes que afectan al amor en las familias y que se muestran a través de los profundos movimientos que se ven en las constelaciones familiares (también denominados “movimientos del alma” y "movimientos del espíritu" por Bert Hellinger). Estos movimientos, cuando son comprendidos y repetados, pueden ser puestos al servicio de la reconciliación entre el amor y el orden que permite a aquél cumplir su propósito último: la transmisión de la vida en plenitud.
¿Cómo puede lograrse esta reconciliación? Mediante un cambio en nuestras imágenes interiores inconscientes.
Las imágenes interiores.
Nuestra identidad, nuestras relaciones y nuestros problemas se ven sostenidos por las imágenes interiores inconscientes que formamos de nosotros mismos y del mundo. Estas imágenes tienen diversas dimensiones individuales, colectivas y globales, que se corresponden con los distintos contextos en los que se desarrolla la existencia del ser humano.
Accediendo a esas imágenes de origen familiar y grupal, podemos ofrecer nuevas vías de solución y nuevas herramientas a diversos problemas. Podemos trasladar nuestra limitada definición de nosotros mismos y nuestros problemas, surgidos de la dimensión individual donde no han podido ser resueltos, y llevarlos al contexto familiar más amplio en el que tienen su origen y donde hay caminos y herramientas, tal vez desconocidas o no apreciadas hasta el momento, que permiten una solución.
Las constelaciones familiares son pues, esencialmente, una representación espacial y atemporal de la imagen interna de la red de relaciones familiares.
Debido a que estas imágenes tienen origen y estructura grupal, las constelaciones son realizadas en grupo, utilizando representantes para los distintos miembros de la familia con que se esté trabajando.
Los movimientos interiores.
Nuestra identidad, nuestras relaciones y nuestros problemas se ven sostenidos por las imágenes interiores inconscientes que formamos de nosotros mismos y del mundo. Estas imágenes tienen diversas dimensiones individuales, colectivas y globales, que se corresponden con los distintos contextos en los que se desarrolla la existencia del ser humano.
Accediendo a esas imágenes de origen familiar y grupal, podemos ofrecer nuevas vías de solución y nuevas herramientas a diversos problemas. Podemos trasladar nuestra limitada definición de nosotros mismos y nuestros problemas, surgidos de la dimensión individual donde no han podido ser resueltos, y llevarlos al contexto familiar más amplio en el que tienen su origen y donde hay caminos y herramientas, tal vez desconocidas o no apreciadas hasta el momento, que permiten una solución.
Las constelaciones familiares son pues, esencialmente, una representación espacial y atemporal de la imagen interna de la red de relaciones familiares.
Debido a que estas imágenes tienen origen y estructura grupal, las constelaciones son realizadas en grupo, utilizando representantes para los distintos miembros de la familia con que se esté trabajando.
Los movimientos interiores.
Cuando la persona puede exponerse de forma abierta y centrada a estas imágenes interiores a través del trabajo de los representantes en la constelación familiar, éstas tienden de forma natural a evolucionar y completarse (por ejemplo incorporando a un excluidos, honrando a quien no lo fue, etc.). Esta tendencia se manifiesta en forma de impulsos motrices en los representantes, como si fueran movidos por una fuerza grupal. Se los denomina, por ello, "movimientos del alma".
Bert Hellinger ha continuado desarrollando su trabajo durante los últimos años permitiendo que salgan a la luz otros movimientos más profundos que están más allá de estos movimientos de pertenencia y exclusión. Los ha denominado “movimientos del espíritu”.
Bert Hellinger ha continuado desarrollando su trabajo durante los últimos años permitiendo que salgan a la luz otros movimientos más profundos que están más allá de estos movimientos de pertenencia y exclusión. Los ha denominado “movimientos del espíritu”.
El foco de atención se ha trasladado desde la persona como miembro de un sistema en el que operan distintos movimientos de amor y lealtad, a los movimientos en sí mismos como medios de transformación.
Cuando la persona toma distancia de su visión del mundo y sus problemas mediante la suspensión de sus emociones habituales e ideas sobre sí misma, un movimiento orgánico, espontáneo e incondicionado, lo impulsa al cambio. Este movimiento es percibido como externo, ya que proviene de dimensiones de sí mismo con las que la persona no se identifica habitualmente. Y se manifiesta como una interacción creativa con la realidad. Permite experimentar nuevas formas de actuar nacidas de la conexión y sintonía profundas con esa realidad, en lugar de fantasías, hábitos y patrones emocionales repetitivos.
Este movimiento creativo permite la vivencia de una forma de amor que está libre de los condicionamientos de pertenencia o exclusión, aceptación o rechazo, derecho o deuda.
(Para más información, puede consultarse la sección “Artículos y libros” y la página web de la I.S.C.A (International systemic constellations association) cuya dirección figura en la sección “Links”.)
Cuando la persona toma distancia de su visión del mundo y sus problemas mediante la suspensión de sus emociones habituales e ideas sobre sí misma, un movimiento orgánico, espontáneo e incondicionado, lo impulsa al cambio. Este movimiento es percibido como externo, ya que proviene de dimensiones de sí mismo con las que la persona no se identifica habitualmente. Y se manifiesta como una interacción creativa con la realidad. Permite experimentar nuevas formas de actuar nacidas de la conexión y sintonía profundas con esa realidad, en lugar de fantasías, hábitos y patrones emocionales repetitivos.
Este movimiento creativo permite la vivencia de una forma de amor que está libre de los condicionamientos de pertenencia o exclusión, aceptación o rechazo, derecho o deuda.
(Para más información, puede consultarse la sección “Artículos y libros” y la página web de la I.S.C.A (International systemic constellations association) cuya dirección figura en la sección “Links”.)
